27/7/11

Mochica: cultura y sabor de Perú



Primero: Ceviche. Era exactamente la segunda ocasión que tenía no entre manos sino entre dientes un delicioso ceviche peruano. Y fue tan placentero como la primera vez. Este ceviche es una suerte de venganza. Se cocina lentamente. El limón sabe muy bien hacer su trabajo.

Tal vez, para ser peruano –a diferencia del ecuatoriano- tuvo mucho líquido. Aunque probablemente sea yo quien se prendó de aquél que probé hace varios años en Sr. Limón, ubicado en la ciudad de Lima. El pescado en su máxima expresión. Eso es para mí el ceviche peruano, más que el sushi u otro plato que implique pescado “crudo”.

Siguiente: Causa Limeña. Y si toda causa conlleva un efecto, ésta no fue la excepción. En primer orden, un efecto nostálgico, con puro aroma de hogar, pues la primera vez que probé este plato fue en casa de mis padres, gracias a la visita de un buen amigo limeño.

Mochica se autodefine como un restaurante turístico de alta cocina peruana. Sin embargo, para una Causa yo confiezo que prefiero una porción un poco más grande, aunque la porción de esa noche fue idónea como para evitar empaches y más bien quedar con una suerte de antojo no resuelto que me haga volver para intentarlo de nuevo.

Finalmente llegó a nuestra mesa (por cierto conformada por ambos cónsules de Perú, el propietario del restaurante, y varios amigos, de Argentina, Perú y Ecuador) un gran plato con: Arroz con mariscos, Ostras gratinadas y Ensalada de palta. No se puede pedir más para ser una noche de lunes. ¿O sí? Sí: una copa de vino tinto, que tampoco faltó y acompaño amenamente la conversación y la comida.

Yo, que de comida hablo porque he aprendido a disfrutarla, puede decir que en Mochica no solo se come: Se viaja a Perú. A través de sus sabores y aromas, de las paredes que evocan la cultura Mochica, de las fotografías que retratan Machu Picchu, y claro, de sus mismos propietarios y colaboradores, originarios de Trujillo y otras zonas del país, este restaurante nos lleva a conocer un poquito de un gran amigo llamado Perú.

Altamente recomendado en cuanto a comida. En cuanto a precios, no es un lugar para bolsillos desempleados o tacaños.

Mochica • Agüero 520 • Capital Federal (Argentina) • www.restaurantmochica.com.ar/

N.G.

Pani: para antojos muy dulces


[Imagen: http://www.pani.com.ar/]

Hay épocas en que los antojos de dulce superan la ficción. Cada día pensar en dulce de leche o chocolate o cakes o helado, o quién sabe qué otra cosa… ¿Es acaso normal? Sobretodo si se trata de la transición Primavera-Verano, cuando más bien hace calor y los sabores más idóneos deberían ser los cítricos. En fin. Así funciona mi propio sistema de antojos. Yo obedezco.

Caminando por Palermo, con la certeza de que hallaría un lugar que sabría satisfacer mi antojo de Diciembre (2010), llegué a una cafetería que apenas llevaba un mes de inaugurada.

Pani: con su estilo predominantemente folk, me enamoró a primera vista. Pani sabe ser un buen amante para mí. Lo resolvió todo con detalles que me sorprendieron. Recorrí todo el lugar porque no quise perderme de nada: cojines como tejidos por la abuela, paredes empapeladas a mano con diarios, mesas de mármol y sillas de acero envejecido, rosas y colores dulces por todas partes, incluso el piso invitaba a pisarlo con cariño. Pero llegó el momento real de poner a prueba tanto amor.

Abrí la carta, elaborada con la misma dedicación que el resto, y opté por unos sencillos scones con dulce de leche y waffles con jalea de chocolate. Lo advertí, mi antojo era de algo verderamente dulce. La comensal que me acompañaba dijo: “esto requiere un vaso de leche tibia…” y bastó eso para que nos llegara a la mesa una jarra entera de leche. ¡La delicia!

Pani no es precisamente una de las cafeterías más económicas de Buenos Aires, pero estoy segura que sí una de las mejores. Enamora en todo sentido, inclusive porque nos invita a ver el proceso de preparación de los platos a través de ua ventana ubicada en el pasillo, mostrándonos también su cocina pulcra, no tan grande y agitada. Por si eso no bastara, el vidrio de la ventana es una especie de pizarra donde cada quien puede escribir con los marcadores que están ahí mismo, y así dejar su huella personal, que sin duda contribuirá al cálido ambiente de Pani.

Diciembre ya pasó, pero sé que a Pani volveré.

Pani • Nicaragua 6044 • Capital Federal (Argentina) • www.pani.com.ar/

N.G.

22/2/11

Moros del golfo: el postre no siempre es lo mejor

El pasado 14 de febrero, aprovechando que la familia estaba completa, fuimos a cenar a un nuevo restaurante, abierto a penas hace unos meses en Guayaquil.

Moros del golfo, un lugar en el que usted encontrará sin duda un ambiente acogedor, con excelente distribución, en mi opinión con la iluminación precisa e incluso con la climatización necesaria. Es terrible llegar un sitio de comidas y morirse de calor y lo mismo si está muy frío, definitivamente la temperatura es un tema que sí importa en este tipo de negocios, tomando en cuenta el tiempo que solemos esperar hasta empezar a comer lo pedido.

Pues bien, llegamos y ya que habíamos reservado una mesa no hubiéramos tenido inconveniente si el lugar hubiese estado lleno, pero aún era temprano, y siendo lunes era comprensible que a las 19h30 tan solo estuvieran dos o tres mesas ocupadas. Al final decidimos cambiar de mesa, a lo cual accedieron con gusto, por nada en especial, tan solo nos gustó más el sitio donde estaba la mesa que escogimos. Y bueno, luego vino el momento de hacer el pedido, para lo que nos tomamos un tiempito en preguntar a la srta. que nos atendía, que según sé es una de las propietarias. Ella, muy amable y sonriente no supo explicar el menú de la noche y claro también pedí que me indicara el asunto del postre.

Con el menú sanvalentinesco tenía acceso a un tiramisú y a un bavaroise de fresa. Tiramisú pidió mi padre y yo no pude negarme a las fresas, pero, ¡porque me encanta el bavaroirse! Ahá, sabremos qué pasó.

Mientras esperábamos, a nuestra mesa llegaron unas empanaditas rellenas de fréjol negro, que me encantaron, nunca había probado un relleno así y en serio estuvo muy bueno, el tamaño perfecto para un piqueo. Luego de unos minutos arribaron las entradas: canastas de verde rellenas de queso, que no es que hayan estado como para chuparse los dedos, simplemente para comérselas y punto. Bien, y luego, pero muy luego, porque la espera desespera, llegaron nuestros platos. A nuestro parecer el asunto demoró más de lo esperado, pero creo que se entiende por: el tipo de comida y la fecha.

Mi plato: lomo en salsa de café con puré de papas y ensalada de vegetales. Empecemos por la salsa, que considero estuvo en su punto, equilibrado y con la consistencia ideal, que al combinarse con la carne lograban maravillar al sentido del gusto, además levantaba un aroma provocativo y a la vista no le quedaba más que desear probarlo. La ensalada también estuvo bien, los vegetales mantenían su color y textura. El puré en cambio tenía unos cuantos pedacitos de papa que no estaban del todo procesados, lo cual cambia en definitiva la idea del puré, cuyo sabor pues tampoco me mató, estaba bien y ya.

Y ahora el postre: esperamos y no llegaba, entonces cuando vimos a la srta. se lo solicitamos. En su afán tal vez de atendernos pronto, llegó con el par de postres pero los platos de comida aún no habían sido retirados, por lo que literalmente se hizo un ocho e incluso tuvimos que ayudarle. Está bien, no pasa nada, puede pasar… Lo que en definitiva no puede pasar, porque no está bien, porque es una falsa promesa, y porque, como dirían por aquí, “estás metiendo gato por liebre” creyendo que el cliente no se dará cuenta, es ofrecer bavaroise y a cambio de eso llevar una simple gelatina.

Así es: ¡Gelatina de fresa! Me sentí estafada. Ni siquiera un trocito de fruta pobre, triste y abandono, ni siquiera eso. Era una copa de gelatina fucsia con un top de gelatina espumada. Fraude.

Les pasaremos “por interno” la receta de bavaroise a los señores de los moros. Todo estuvo delicioso, pero con ese final de infarto (porque sí, casi es eso lo que me da cuando vi una gelatina en lugar bavaroise) bajaron su puntuación.

¿Falta de tiempo como para preparar bavaroise, a causa de la fecha? Okey, simple: no ofrezcas ese postre y punto. Con eso quedaban mucho mejor.


Moros de golfo.
Urdesa central, calle Diagonal 404 entre Bálsamos y Cedros.
Guayaquil, Ecuador


N.G.

14/12/09

Cretta, resto-lounge


Llegamos. Era 12 de diciembre. Cuando escuché el nombre imaginé comida simplemente deliciosa, y algo abundante.

Debajo del nombre dice “resto-lounge”, lo cual creo es el meollo del asunto. Resulta que es más “disco-bar” que lo anterior, yo supongo que es una confusión de conceptos. Al entrar nos encontramos con tan solo 3 mesas, una como para 4 personas y la que utilizamos que es para 8.

Yo, ingenuamente esperaba encontrar en el ambiente algo del mediterráneo, de las brisas marinas con su olor a sal y tomillo, pero en lugar de eso recibía del aire una manotada de cigarrillo… Sobre las paredes de un azul aturquesado, que me gustó mucho, subían unas cuantas ramas y hojas negras al puro estilo contemporáneo del vinilo, y sobre ellas un cuadro solitario que pretendía contribuir a la isla de Creta.

Llegó pues la hora de hacer los pedidos. La persona que nos atendió era el mismísimo chef del sitio, lo cual de entrada me pareció bastante oportuno y conveniente, así él nos podría informar bien sobre los ingredientes de cada plato. Yo aún no decidía qué pedir. Mis compañeros comensales sin embargo ya estaban en la tarea de preguntar acerca de la composición de los platos, lo cual hizo que el chef-anfitrión tartamudeara un poco al no recordar algunos de los ingredientes, a lo que luego decía: ¡…pero es muy bueno! Menos mal, yo pensé. Creo que eso le puede pasar a cualquiera, lo importante, dije yo, ¡es que recuerde bien la receta!

La comida es, como debe ser, preparada al instante, por lo que habrá siempre que esperar unos hambrientos minutos. ¿Vale la pena?

Mientras tanto fuimos contentados con piqueos de camaroncitos, lo cual encantó a nuestros estómagos. Minutos después venía el chef con otra bandeja de piqueo hacia nuestro lado… Mi compañera comensal(M) hizo a un lado la que estaba vacía sobre la mesa, para que el chef ubicara la nueva, y cuando M le entregaba la bandeja para que se la llevara (cosa que no debía hacer ella, pues era clienta), la inteligente respuesta del chef fue: “eso lo hace el mesero (llevársela)…” Nosoros, por supuesto quedamos boquiabiertos con tal respuesta. Por otro lado, mi trabajo de elección contibuaba: la carta me ofrecía pastas tradicionales como lasagna y canelones cuando yo esperaba una mousakka; el tamaño tipográfico de los precios era mayor que de los mismos platos (literalmente uno veía primero el precio que el plato). Luego cuando quisimos pedir pasta, resulta que por el momento no contaban con pastas… y así.

Hasta que por fín ya todos habíamos hecho los pedidos. Por fin. Uno a uno fueron arribando a los puestos y el mío al final. El olor me invitaba a deborarlo pero frené a raya cuando al primer bocado el Sr. Pescado me supo a emusión de Scott… Decepcionante. No obstante, sé que los demás platos estuvieron bastante bien. Tal vez fui yo la que no estuvo como para comer pescado aquella noche.

Y mientras yo luchaba a muerte por comer, la voz de Zeus era arrebatada por un eufórico Daddy Yankee, el trotar del Minotauro era arrebatado por el estruendo de la gente subiendo a la sección del “lounge”. En lugar de liras, arpas, flautas o cítaras, eran guitarras eléctricas o baterías… 

Mi idea de Cretta resto-lounge quedó en ficción. No es más que un intento por marcar un estilo, de evocar una cultura, una gastronomía, un ambiente diferente; sin embargo en mi opinión se queda corto: es en realidad un bar con la opción de comer bien antes de la farra.

Cretta se encuentra en el Centro Comercial La Piazza Ceibos, local C-23/C-24 A

N.G.

23/11/09

Mariscos Azul


Los mariscos siempre me hacen escuchar el golpear de las olas aunque me encuentre dentro de la ciudad repleta de pitos histéricos. Es como si pusiera junto a mi oído una caracola y olvidara por un momento que me encuentro acechada por vehículos y edificios y más bien sintiera la tibia compañía del mar.
Llegó el día esperado. Aquél en el que eso de “la próxima vamos a otro lado” se debía cumplir. Solicitaron mi opinión, así que sugerí sin dudarlo Mariscos Azul, donde a apenas había comido dos veces pero las suficientes como para apreciar el buen toque de la comida peruana-ecuatoriana que allí se puede comer.

Me gusta el ceviche peruano, pero me es difícil disfrutarlo por completo dado lo picante, así que opté por el ecuatoriano, un delicioso ceviche de pescado que sabía a dioses. El canguil y el maíz tostado a tiempo y tibiecitos, se sentían frescos, aún crujientes, sobretodo el canguil que suele ser algo parecido a caucho en otros lugares. Pero bueno, mi plato llegó tercero. Antes estuvieron el arroz con mariscos a la paila y la cazuela de mariscos de los otros dos comensales.

El rico olor, ya hasta me estaba haciendo escuchar el ínfimo sonido del escarbar de los cangrejitos en la arena. Un gusto único.

Los platos llegaron con las temperaturas apropiadas como para mantener el apetito hasta el final. Todos quedamos verdaderamente satisfechos. La atención estuvo bien, no hubo ninguna suerte de confusión ni omisión en los pedidos, pese a que un poquito demorada, lo cual se comprende ya que el lugar estaba casi lleno.

Nos despedíamos del mar, mientras al compás de los semáforos retornábamos a la ciudad.

Mariscos Azul está ubicado en Las Monjas y Víctor Emilio, diagonal a Génesis (Guayaquil). Un sitio pequeño y acogedor.

N.G.

11/8/09

El Cantonés...

Suelo ir con mis padres a El Cantonés, hasta la última vez que fuimos nunca nos había decepcionado (tanto), precios razonables, comida con buen sabor y caliente, aunque de repente uno deba esperar un poco más de lo debido…

El domingo pasado estuve nuevamente con mis comensales, con mucha hambre y dispuestos a recibir un buen servicio. Nos acomodamos en una de las mesas más cercanas a la salida de los platos, no fue intencional, pero definitivamente un error. Se siente mucho más larga la espera porque uno ve pasar cada plato, para una mesa, para otra, menos para la propia. Y así el estómago languidece más. Entonces, para amortiguar el hambre pedimos una porción de wantán. Yo los imaginaba ya crocantitos entre mis dientes, con la salsita y todo.

Cinco minutos, “Oiga, pedimos una porción de wantán…”, dije a uno de los meseros que a tiempo cruzó por ahí.
Diez minutos, “Oiga, aún no nos traen la porción de wantán que pedimos…”, “¿Todavía no? Oh, disculpe…”, y el mesero desapareció.
Luego de cinco minutos más llegaron: no muy crocantes y no muy calientes. Primera decepción, pero era mucha el hambre.

Enseguida empezaron a llegar nuestros platos: Pollo en salsa agridulce, el mío, se veía apetitoso en realidad, y calientito, pero decidí esperarme a que lleguen los otros para comer. Luego arribó la Chuleta tropical para mi padre, que también tenía muy buena cara. Con el permiso de madre empezamos, y mientras que las chuletas fueron un éxito, el pollo se convertía en la segunda decepción: se les había pasado la mano con la maicena y con lo dulce, al tercer o cuarto bocado yo ya estaba empalagada y con la sensación de que si comía un poco más iba a necesitar un gran vaso de agua para ayudar. Queriendo ocultar mi decepción ante mis acompañantes continuaba conversando y medio comiendo (o fingiendo hacerlo), ¡hasta que no pude más!

Tuve que decirlo: “Para la próxima creo que vamos a otro lugar.”
Para ese momento, la Sopa marinera de madre ya estaba por la mitad, y por suerte había también resultado un éxito. Al ver que no despegaba mis ojos de su sopa, me ofreció que la terminara. ¡Qué alivio!
Así que intercambiamos y yo concluí la sopa ya con el hambre saciada un poco a tumbos…

Al final, cuando el mesero llegó con la cuenta, sin razón de ser dijo: Son $37,50… ¿Desde cuándo el mesero te dice la cuenta en voz alta!!? Además, yo estaba invitando la comida… En fin, no sé en cuánto tiempo vuelva a El Cantonés, pero sé que lo superaré.
Por lo pronto, cumpliré con mi palabra: Para la próxima creo que vamos a otro lugar.


N.G.

21/5/09

La soledad del Cocolón





Queen’s Dim Sim está ubicado muy discretamente en la ciudadela bolivariana, frente a la iglesia; basta con timbrar y a manera de contraseña preguntar: ¿Están atendiendo? Automáticamente la puerta se abre. Hace un par de semanas estuvimos por ahí, bajo una noche bastante lluviosa. Aquella vez salió a recibirnos uno de los meseros, dejamos el paraguas en el garaje y entramos. Dos señores comiendo y conversando eran los únicos clientes además de nosotros. El mismo mesero que nos recibió tomó nuestra orden: Sopa de Wantán y Chaulafán de Vegetales, y como aperitivo unos pancitos de cerdo.

Mientras esperábamos llegó una extensa familia que colonizó una de las mesas circulares, y posteriormente otro grupo, que hizo lo mismo con otra de las mesas. Y fue en ese momento cuando nos percatamos de el restaurante contaba con un solo mesero, quien se batía hábilmente con las cuatro mesas de comensales. Los 3 pancitos llegaron calientes y listos para ser devorados. Les siguió la sopa, humeando, lo cual es muy importante, generosamente proporcionada de vegetales, wantanes, camarones, y con su consistencia justa, aquélla que la diferencia de las sopas ‘aguachentas’, como diría mi madre. Aun sin terminar la sopa nos llegó el chaulafán, al que personalmente lo encontré bien, mas no digno de repetir, no me mató, no lo sentí tan fresco. Y en eso que comíamos, surge la pregunta de la noche: ¿Qué diferencia hay entre el “Cocolón” y el “Cocolón Solo”?

Resulta que en la carta, en la sección de Arroces, uno se puede encontrar con estas dos opciones, la primera con un valor de $3,30 y la segunda a $8,50. Se trata de un error de la carta? ¿O de verdad hay las 2 opciones? Y si es así, ¿en qué reside la diferenciación? ¿Acaso, el primero está implícitamente solo y el segundo lo está explícitamente, algo así como asumirlo y hacerle frente a su soledad, entendiéndola una característica intrínseca de ser cocolón y una oportunidad de reflexión y encuentro consigo mismo? Muchas preguntas. La próxima vez que vaya tal vez las responda…

II 

Luego de uno o dos meses, no recuerdo, fuimos nuevamente al Queen’s Dim Sim, acompañados de otros 2 comensales, y resulta que la respuesta a mis interrogantes respecto al Cocolón era de lo más sencilla. Es más, ni siquiera tuve que preguntar a quien nos atendió (que esta vez fue el dueño), sino que al hacer el comentario acerca de la aparente discordancia del menú, alguien de nuestra misma mesa me lo dijo:El Cocolón Solo, es de hecho solo cocolón, mientras que el Cocolón (a secas) lleva mezclados vegetales.

* Tal vez, como para no caer en estas paradojas cocolonescas, el menú debería hacer una pequeña corrección, que podría ser: 1. Cocolón y 2. Cocolón con Vegetales.

N.G.